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La Coctelera

Bajo la Pupila

Cada piel tiene una suavidad distinta

16 Septiembre 2007

Maquillaje

Con la peluca cubro mi cerebro, olvido cada palabra que esté escrita sobre mis recuerdos, borro de mi memora las tardes en la que los niños del barrio me señalaban, olvido la forma en que sus manos me empujaban de un lado a otro del círculo que formaban entre ellos hasta que el equilibrio decidía escapar para dejarme caer en el centro, quitaré sus miradas y sus carcajadas, sus burlas hacia el niño en el centro, el niño diferente.

Olvido la forma en que mi padre pretendía olvidar que yo estaba allí, el hijo cobarde que no encontró el gusto por el fútbol o por los coches, ese que un día decidió que se aburría jugando con las camionetitas en la tierra y que le daba pavor las canicas que chocaban simulando ser planetas en colisión.

Quito la vergüenza de mi madre cuando sus hermanas le hacían comentarios, las lágrimas que vistieron a sus ojos cuando miró por la ventana la forma en que su hijo deslizaba el labial por su boca, para después mirarse en el espejo y descubrir que allí, debajo de la piel, estaba su verdadero ser.

Con el labial borro de mi lengua las palabras de odio que me dije, los insultos a mi ser, las mentirás de hombre correcto, de joven recto, esas con las que intenté convencerme de enmendar mi camino y destorcer mis pasos, caminar por la ruta correcta y convertirme en un hombre de bien, ese que todos querían ver. El color será la marca de mi voz, esa que muchos tacharon de débil, de poco hombre.
Con las pestañas dejaré de verme humillado, absorberé las gotas saladas que lloré ayer, quitaré las imágenes de odio, veré a los ojos de quien me critique, de aquellos cobardes que buscan la crítica para perder sus defectos. Tendré el brillo digno del orgullo, buscaré mi vida, encontraré mi mundo, viviré.
Este vestido me dará porte, será merecedor del verdadero valor de mi cuerpo, expresaré mi amor a mi manera, la tela acariciará la piel que todos quemaron, el cuerpo que fue burla por su movimiento. Cubrirá la cintura delgada que tendrá un movimiento libre, sin temor a más críticas.

Estos tacones me darán la altura para defender mi vida, me acercarán al mundo que merezco. Sonarán a mi paso, indicando que por allí voy pasando.

Ahora saldré a enfrentar el mundo, nadie podrá decir que soy cobarde, sólo seré yo.

Carlos Granado Peñaloza

Tags: gay

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30 Agosto 2007

Punto final

Punto final

Cuando termine de contar esta historia pondré el punto final, cerraré mi laptop y caminaré despacio por el jardín de mis vecinos, secuestraré dos o tres avispas para llevarlas a la playa y se mueran de calor.
Allí encontraré el lugar perfecto para edificar un pequeñísimo castillo de arena con palitos alrededor que lo cuiden de las olas, caminaré descalzo para quemarme con las llamas de la playa, a ver si tengo suerte y un cangrejo me hace el favor de cortarme el dedo chiquito con sus tenazas. Después andaré, dejando una delgada línea roja, que de vez en cuando mudará de forma para sobrevivir a las burbujas del mar. Llegaré hasta la orilla y la sal del mar arderá en el punto exacto donde debería estar mi dedo. Buscaré que el agua llegue a mi cintura, descansaré un poco, tomaré valor, seguiré andando, mis ojos estarán sumergidos, después mi cabello y seguiré caminando hasta encontrar el reino de las sirenas.
Buscaré a la más hermosa, a la Diosa, la de ojos azules y pechos chiquitos, esa que una vez escuché cantar sobre las rocas. La seguiré hasta su alcoba, entraré por la ventana, nadaré hasta su cama, me ocultaré bajo las sábanas, acariciaré sus escamas, su ombligo, sus pechos y cuello, por último intentaré besarla. Ella gritará por auxilio, desgarrará su garganta esperando ser rescatada, buscará una mano amiga que la libere de las mías. Llegarán los soldados me atarán con burbujas de aire, me llevarán a un calabozo, donde no veré el arco iris de las olas ni podré platicar con mis ideas. Esperaré mi condena.
El veredicto será la muerte, vendrá el mismísimo Rey a ejecutar la sentencia, tomará su trinche real, apuntará a mi pecho, y con el más largo de sus picos penetrará hasta mi corazón, después moriré.
Cuando ponga un punto final haré todo eso, necesito estar muerto, porque sólo así podré borrar tu mirada, únicamente con el corazón sin latir mis ojos borrarán tu rostro, porque podré, de esa manera, dejar de sentir tus caricias y despegaré cada uno de tus besos de mi piel. Podré entonces recuperar la paz de mi mente, dejaré de amarte, de pensarte, de seguirte, de ser tuyo. Cuando esté muerto podré sacarte de mi alma, para poder tener un pequeño espacio para mí.
Carlos Granados Peñaloza

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12 Agosto 2007

La visita del diablo

En el mundo todo estaba bien, cada hombre tenía un amor que cuidar, cada mujer contaba con su peine para cepillar la cabellera y sacudirse los pecados. Los niños podían jugar en el jardín sin miedo al hombre de blanco y espalda curva, las niñas tenían todas las muñecas para bañarlas y cambiarles el vestido.

Pero cuando el sol decidió dormir un rato y los demonios lograron convivir con las sombras del ropero para invadir mi cuarto. Después taparon mis ojos y no me permitieron ver mis pies para correr, tampoco pude ver mi boca para gritar. Sólo puede quedarme allí, sobre el colchón, esperando a que el diablo se fuera a molestar a otro, pero él decidió quedarse conmigo, por siempre.

Dio varias vueltas a la mesita de centro, con la cola tiró del buró las fotos de la playa y el agua empezó a escurrir para empapar la alfombra. Las rosas del florero tomaron un color oscuro y se marchitaron, los pétalos se desprendieron y se fueron flotando hasta la ventana, huyeron, se perdieron en el cielo sin estrellas.

Quise convencerlo para que se quedara quieto, pero se tapó las orejas con sus cuernos y no escuchó una sola palabra de mis ruegos. Siguió dando vueltas y mancando de negro las paredes.

Cuando se cansó se regresó a mi cama y se sentó en mi colchón, le pedí que me explicara porqué demonios decidió quedarse en mi casa esa noche, se quedó callado cinco minutos, pero después se compadeció de mis ojos tristes y empezamos a platicar.

Le expliqué que yo no podía cuidarlo, tenía que levantarme temprano para irme atrabajar, tenía la obligación de descansar para poder ser ágil con mis dedos y escribir una historia adecuada para el día, que si me desvelaba escribiría puras tonterías, después tendría que presentarme en el juzgado para demostrar que no fui yo el que rompió la puerta de la tienda de don Erasmo y tampoco fui yo el que robó la leche y el vino.

Si no dormía bien no podría escribir una historia convincente para que el juez sepa que jamás tomé el puñal que tenía en la espalda don Erasmo ni mucho menos mezclé su sangre con el vino para hacer sangría.

Que yo no estaba borracho cuando pasó todo eso, que no estaba llorando y que no eran mías las lágrimas que recogieron desde la entrada de la tienda hasta la cantina, que no fui yo el hombre jorobado con traje blanco que el cantinero vio llorando tres semanas en la misma mesa.

Que yo no estaba en la iglesia viendo cómo mi amor se evaporaba junto con el “sí, acepto” que ella le dio a don Erasmo.

El diablo me calló poniendo su dedo índice sobre mis labios, me dijo que todo estaba bien, que él sabía la verdad y que me cuidaría. Después salió el sol, estiró sus brazos y cobijó mi casa, el diablito se escondió en algún lugar, mis amigos me dicen que ya se fue, pero yo sé que él sigue allí, en algún lugar, esperando que el sol se vuelva a dormir para salir y acariciarme las orejas.

Carlos Granados Peñaloza

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12 Agosto 2007

Si lo logro seré

Si lo logro, seré.

Si lo consigo podré doblar el cielo para regalarselo a la tierra, entregaré cada estrella a los niños que buscan una luz para la noche, daré la luna a las mujeres enamoradas que le hablan cada noche, y la oscuridad del infinito será el presente para que las mujeres tejan sus vestidos de luto y lloren al ser amado que duerme eternamente en su última morada.

Si mis manos pueden tocar esa pluma y derramar la tinta que llene al mundo de una historia interminable, si consigo parir personajes extraños que dominen los sueños y crear situaciones inesperadas que sorprendan al más escéptico e hipnotice a cada ser humano.

Si puedo ser ese que conquiste cada mente, que fabrique sueños en el consciente e inconsciente de cada persona que tome un libro para encontrar mi mundo, si logro ser ese nombre que busquen en la librería, esos ojos que en cada parpadeo tengan una idea, una historia, un cuento para bañar cada noche de desvelo, cada fin de semana largo, que mate las horas muertas.

Si logro todo eso, entonces sí seré yo.

Carlos Granados Peñaloza

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